La costa oeste: donde los pinares se asoman al mar
La costa occidental de Ibiza, entre Sant Antoni y la urbanización de Cala Salada, es una sucesión de pequeñas calas y acantilados bajos cubiertos de pinos que crecen casi hasta la misma orilla del agua. Es un paisaje típicamente mediterráneo de una belleza serena y luminosa.
Y lo mejor es que hay un sendero costero que permite recorrer toda esta franja a pie, descubriendo rincones que solo conocemos los locales y que están fuera del alcance de la mayoría de turistas.
Punto de partida: Cala Salada
Cala Salada es una de las playas más bonitas de la zona de Sant Antoni, una cala en forma de media luna protegida por colinas boscosas. El agua es cristalina, con tonos que van del turquesa al esmeralda según la profundidad y la hora del día.
Junto a ella está su hermana pequeña, Cala Saladeta, accesible solo a pie por un camino que bordea la roca: más diminuta, más escondida y aún más bonita si cabe, con un fondo de arena blanca que hace que el agua brille como una piedra preciosa.
Inicio de la ruta
Para iniciar la ruta hacia Cala Gració, baja primero a Cala Salada y toma el camino que sale por el lado sur de la playa, subiendo por un sendero entre los pinos. En pocos minutos estarás sobre los acantilados, con vistas magníficas de la cala a tus espaldas.
El sendero costero
El recorrido de Cala Salada a Cala Gració es de unos seis kilómetros y se completa en unas dos horas a ritmo tranquilo. El sendero no está señalizado oficialmente, pero es bastante evidente porque lo ha marcado el paso de la gente durante décadas.
Va subiendo y bajando suavemente por los acantilados, siempre cerca del borde del mar, atravesando bosques de pinos, sabinas y romero silvestre. En primavera, las jaras florecen con sus flores blancas de centro amarillo y los tomillos cubren el suelo de un morado delicado.
Secreto de local: por el camino irás descubriendo pequeñas calas y entrantes rocosos donde nadie se baña excepto los ibicencos. Algunas son tan pequeñas que apenas cabe una toalla, pero el agua es tan transparente que resulta irresistible. Lleva gafas de snorkel: el fondo marino con praderas de posidonia, sargos, doncellas y pulpos es espectacular.
Punta de Sa Galera
A mitad de camino aproximadamente llegarás a Punta de Sa Galera, un promontorio rocoso plano que se adentra en el mar y que se ha convertido en uno de los lugares favoritos de los locales. Las rocas tienen formas suaves y redondeadas, perfectas para tumbarse.
Hay varias piscinas naturales talladas por el agua donde incluso los niños pueden bañarse con seguridad. Al atardecer, Sa Galera se llena de gente que viene a ver la puesta de sol con una cerveza, en un ambiente relajado y auténtico que no encontrarás en ningún chiringuito.
Llegada a Cala Gració
El tramo final del sendero baja hacia Cala Gració, una playa familiar y tranquila con aguas poco profundas. Junto a ella está Cala Gracioneta, más pequeña y protegida, con un chiringuito encantador donde recuperar fuerzas.
Opciones para la vuelta:
- En autobús: línea desde Cala Gració a Sant Antoni y de ahí a Cala Salada
- En taxi: unos 10 minutos de vuelta al punto de partida
- Dos coches: deja uno en cada extremo de la ruta
Qué llevar
- Calzado cerrado con buena suela (nunca chanclas)
- Bañador y toalla (pasarás por demasiados lugares tentadores)
- Gafas de snorkel
- Agua y algo de comer
- Protección solar
Información práctica
- Distancia: 6 km (lineal)
- Dificultad: Baja-Media, terreno irregular sin grandes desniveles
- Duración: 2-3 horas (sin contar baños)
- Mejor época: Primavera y otoño (temperaturas agradables, calas poco concurridas)
- Señalización: No oficial, sendero evidente